El bólido que aprecian es una oda a cómo debería ser un vehículo moderno: seguro, no contaminante y silencioso. Todo ello se conjuga en el Ferdinand Posche, una réplica del 911 GT3 RS, que pese menos de 100 kilogramos, posee un estilo único y su velocidad se puede controlar absolutamente. Obvio: esta joyita funciona con un “motor” de bicicleta y es el Porsche más lento del mundo.
Otra ventaja del Ferdinand es que como no tiene nada más que dos asientos y los pedales respectivos, su espacio interno es muy amplio. Mirando el lado más “serio” de este vehículo, no es una idea tan mala para ciudades pequeñas, donde la tracción humana, economía y comodidad del Ferdinand Porsche pueden convertirse en una buena opción.

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